Enviar productos refrigerados es un auténtico reto diario. Das un paso en falso y toda la mercancía termina arruinada en el trayecto.

Crees que la clave solo está en meter más hielo o geles de nitrógeno. Pero la realidad es otra muy distinta. Si el embalaje exterior falla, el frío se escapa en cuestión de minutos.